Un año, dos pandemias.

“Esa debe de ser la enfermedad más lógica del mundo, el ojo que está ciego transmite la ceguera al ojo que ve, así de simple” ‘Ensayo sobre la ceguera’. -José Saramago.

 

Cuando se decretó el “estado de alarma” se nos prohibió salir de nuestros hogares salvo para ir a hacer las compras de artículos de primera necesidad. Una de las muchas consecuencias de ese periodo de aislamiento fue que la Tierra tuvo un merecido descanso de la hiperactividad humana. Todo se paralizo y para ir a la calle debíamos hacerlo con medidas de protección: guantes y mascarilla. Pero una vez más la inconsciencia y el egoísmo, hizo que esas protecciones tan necesarias fueran desechadas después de ser usadas, volviendo así a intoxicar nuestro entorno y la naturaleza.

Bodegones y Retales pandémicos son un grupo de imágenes que se recortan en el espacio como si fueran arquitecturas visuales. Toman lugar en una geografía muy precisa, el entorno dónde me encontraba confinada. Las miro como si fueran las figuras de un puzzle que registra lo acontecido tras este acto egoísta e incívico de usar y tirar las mascarillas y guantes que empleamos para nuestra protección.  Estas imágenes poseen además una naturaleza expresiva y abstracta, dónde lo orgánico, las líneas de recorte y los contrastes del blanco y negro sirven para acercarnos y encerrarnos, mas aun si cabe, en esa “naturaleza muerta” que son los desperdicios y sus consecuencias.